Entre la soberbia y la esperanza renovadora.

“..hay quienes presumen de llevar en sus actos una superior finalidad y de alimentar en su alma una creencia, y todo es vanidad y engaño, porque las que toman por tales no son sino mirajes de su fantasía.

Pero hay también el anhelo de renovación que es signo de vida, de salud; impulso de adelanto, sostenido por la constancia de la acción enérgica, rítmica y fecunda, que, por lo mismo que triunfa y se realza al fin de cada aplicación parcial, no se satisface ni apacigua con ella”.

José Enrique Rodó

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